sábado, 20 de octubre de 2012

Rafael Alberti




Después de este desorden impuesto, de esta prisa,
de esta urgente gramática necesaria en que vivo,
vuelva a mi toda virgen la palabra precisa,
virgen el verbo exacto con el justo adjetivo.
Que cuando califique de verde al monte, al prado,
repitiéndole al cielo su azul como a la mar,
mi corazón se sienta recién inaugurado
y mi lengua el inédito asombro de crear.

                                          
 de Entre el clavel y la espada. (1939-1940). 
                              2ª, ed, Buenos Aires, Losada                

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